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ANTECEDENTES

CIGOM / ANTECEDENTES

ANTECEDENTES

Autor(es): Jennyfer de la Cerda Nuño y Departamento de Comunicación, CICESE
Ciencias del mar y de la Tierra

El derrame asociado a la plataforma Deepwater Horizon propició un cambio de paradigma en el entendimiento acerca del comportamiento y consecuencias de derrames. Sharon Herzka, investigadora del Departamento de Oceanografía Biológica del CICESE.

Abordar el proyecto de mayor financiamiento otorgado por el CONACYT a uno de sus centros de investigación es imposible fuera del contexto de la explosión de la plataforma petrolífera semisumergible Deepwater Horizon, registrada el 20 de abril de 2010 en el Golfo de México, a 30 kilómetros de Luisiana, Estados Unidos.

Este derrame se considera sin precedente en la historia de la explotación petrolera debido a la profundidad a la que ocurrió -1,500 metros- y a su magnitud, pues se estima que 757 millones de litros de petróleo crudo se vertieron en el golfo, alterando y afectando los ecosistemas marinos y varias pesquerías en una amplia zona, y provocando la muerte de aves, tortugas, delfines y otras especies de cetáceos y pelágicos mayores.

“Despertamos a la realidad de que no entendemos lo que pasa en el golfo. Ninguno de los modelos podía descifrar a dónde iba el crudo. De hecho, 25 por ciento de ese petróleo derramado no se sabe actualmente dónde está”, indicó el Dr. Juan Carlos Herguera, investigador del CICESE y responsable técnico del megaproyecto.

Pasaron setenta y tres años desde la primera extracción de petróleo en el Golfo de México para iniciar investigaciones mexicanas y establecer la primera línea de entendimiento sobre cómo funcionan, a profundidades mayores de 1,500 metros, los ciclos biogeoquímicos de los nutrientes, del carbón y del oxígeno en esta zona marítima.

En 1937 se realizó la primera extracción de petróleo en el Golfo de México -10 a 15 pies de profundidad- a 1.9 km de la costa de Cameron Parish a cargo de Pure Oil Company, y fue hasta 1979 cuando se inició la extracción en aguas profundas -1,000 pies-.

El Golfo de México es una zona que se caracteriza por emanaciones naturales de hidrocarburos, esto hace que al presentarse un derrame sea necesario distinguir entre la emanación natural versus un aporte proveniente de un derrame accidental.

Sin duda es imprescindible contar con una línea base para poder evaluar impactos en casos de derrames de gran escala y tomar decisiones rápidas para proteger los ecosistemas. He aquí la importancia de contar con estudios de línea base y monitoreo ambiental en aguas mexicanas, específicamente de esa zona.

La zona económica exclusiva del Golfo de México y el mar Caribe abarca casi 830 mil km2, y está sujeta a la influencia de diferentes procesos oceanográficos que operan en diversas escalas de espacio y tiempo, características que lo convierten en un desafío para la comunidad científica.

Por ello, cuando en noviembre de 2014 el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) anunció el inicio del megaproyecto Plataformas de observación oceanográfica, línea base, modelos de simulación y escenarios de la capacidad natural de respuesta ante derrames de gran escala en el Golfo de México, la comunidad oceanográfica de nuestro país consideró que se trataba de la oportunidad para “subirse al tren de la oceanografía del siglo XXI”, el reconocimiento y aprobación de la propuesta tomó más de cuatro años, pero hoy en día es una realidad, con una inversión de más de mil quinientos millones de pesos y una duración de 5 años.

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